Lo que es para uno es para uno, y lo que no, pues no
Hola querid@ lector:
Con algo de ansiedad sobre qué pueda pasar con este nuevo proyecto de blog que acabo de crear el día de hoy, quiero mencionar que la intención principal, desde lo más profundo de mi corazón, es ayudarte a ver la vida desde otra perspectiva.
Este proyecto nació básicamente del constante flujo de información (a veces muy amañada) que nos generan redes sociales como LinkedIn, Facebook, Instagram y Tiktok, en las cuales uno se encuentra constantemente con personas que parecen haber logrado el éxito de la noche a la mañana.
Si uno está pasando por un momento de baja auto-estima, estos mensajes lejos de ayudarte, pueden catapultar aún más tu depresión. Y hoy les quiero hablar justamente de lo que a mí me pasó hace 3 años.
Enero 2021:
En aquel año tuve mi primer despido sin justa causa. Fue apenas comenzando enero que todos mis compañeros volvieron a la oficina pues los habían llamado a renovar contrato, pero a mí nunca me sonó el teléfono. Trabajaba para una Fundación muy prestigiosa en mi ciudad natal (Cali, Colombia) y teníamos contratos temporales que debían ser renovados cada 6 meses. Cuando me contrataron en Julio de 2020 recuerdo que no me gustó mucho este tipo de contratación pero me dijeron que así era en esta empresa pero que no me preocupara, que siempre los renovaban. Hice una rápida validación con mis compañeros y ellos me confirmaron que realmente era así. Lo que nadie me dijo es que también habían casos en que simplemente no renovaban y ya, todo de una forma muy simple y transparente para la empresa.
Nunca me he considerado una persona perezosa, odiosa, creída o que genere mal ambiente laboral. Tampoco por supuesto una persona incapaz de hacer mis labores. Sin embargo, al parecer mis jefes no pensaron lo mismo el día que decidieron no renovarme el contrato.
Debo confesar que lo que más me dolió fue que nadie en la empresa me llamó a decir lo que estaba pasando y que no me ilusionara con un nuevo trabajo en el 2021. Cuando vi que mis compañeros retornaban a sus labores y a mí nada que me llamaban, decidí contactar a mi jefe directa, quien era una chica de mi misma edad, con quien compartí momentos de universidad pues éramos contemporáneos pero no de la misma carrera, para preguntarle sobre mi caso. Primera llamada... no contestó... Segunda llamada.... no contestó... Tercera llamada... no contestó. Dejé pasar un rato y marqué al segundo líder a cargo, mano derecha de mi jefe directa, un tipo agradable, seguramente solo un par de años mayor que yo. Primera llamada... me contestó. Supe por el ruido externo que estaba allí con mi jefe directa. Le expuse la situación y me explicó que lamentablemente la empresa había decidido no vincularme de nuevo. Para mí fue como un baldado de agua fría. Si no me consideraba un mal empleado y no había cometido ningún error ¿entonces cuál era la razón para que me estuvieran echando? Él y mi jefe directa no supieron darme una respuesta.
A los cinco minutos me llamó de nuevo mi jefe y me dijo que lo sentía mucho, que la orden no había salido de ella y que no entendía por qué se había tomado esa decisión, pero que a veces la Fundación era así (cosa que jamás me explicaron, por supuesto, en mi vinculación). Me dijo que me agradecía pero que estaba igual de desconcertada que yo. No tuve más opción que asumir mi primer despido con dignidad, pero con un vacío en mi corazón que, aún hoy, no sé cómo explicarlo. Tenía una amiga a quien había ayudado a ingresar a la Fundación unos dos meses después que yo, pues estaba la vacante y la consideraba una gran opción para la empresa. Ella pasó las pruebas y quedó. Cuando recibí la noticia de mi no renovación, la llamé para saber cómo estaba su situación, pero me comentó que ya iba a comenzar a trabajar allí de nuevo esa semana. Creo que ella se sintió mal por mí, pero eso no iba a hacer que yo recuperara mi trabajo.
Agosto 2021:
Me casé con la mujer más increíble del planeta. Ese día fui muy feliz, pero los meses siguientes no tanto. Retrocedamos dos meses antes para conocer un poco qué pasó antes del matrimonio. En una próxima entrega te contaré qué pasó con mi vida entre enero y junio de 2021.
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Junio 2021:
Recibo una llamada a mi celular. Era de parte de una chica de selección. Me llamaba para ofrecerme un puesto ya que había visto mi CV en una plataforma de empleos. Yo esperaba un salario X y ella me ofreció un cargo con uno mucho menor, pero me dijo que era un puesto "senior" con grandes posibilidades de desarrollo. Esto último me llamó la atención a pesar del bajo dinero y le dije que me diera un tiempo para pensarlo con mi novia, pues teníamos como proyecto casarnos en agosto. Que la llamaba al día siguiente.
-Amor, me acaban de llamar a ofrecer un puesto pero el salario no es alto, ni siquiera el 50% de lo que yo estoy buscando -le grité a mi novia inmediatamente colgué la llamada.
-Amor, acepta el trabajo -contestó ella con una sonrisa en la cara-. Necesitamos dinero ahora que nos queremos casar. Es una buena oportunidad. Acéptalo, tomamos esos ingresos para pagar algunos gastos de la boda y luego renuncias. Igual es una bendición. -Agregó ella con gran entusiasmo.
Lo de "luego renuncias" me quedó sonando. Igual, creo que tenía razón.
Al otro día llamé a la chica de selección y le dije que comenzáramos proceso. Me mandó muchas pruebas al correo electrónico, las cuales realicé en los tiempos acordados. No había pasado una semana y me solicitaron tres entrevistas. La primera con la psicóloga de selección, luego con el jefe y la tercera era de validación de inglés. En todas me fue bien, pero en la que creo que me fue mejor fue en la segunda: conociendo a mi jefe.
Julio 2021:
Inicio labores en un gran empresa de mi ciudad. Estaba muy contento pues el cargo efectivamente era de liderazgo y tenía proyectos a cargo. El primer día tuve reunión con mi jefe...
Pero, ¡oh sorpresa! Era una persona diferente. Mi "nuevo" jefe me explicó lo sucedido:
-Hola Juan, soy Anthony, tu jefe. La entrevista que tuviste fue con Maria Antonia, mi jefe, ya que yo estaba de vacaciones. Le caíste muy bien, pero con quien te tienes que entender es conmigo -Me comentó rápidamente Anthony mientras me leía el descriptivo del cargo, todo de forma virtual y con gran velocidad. Estábamos en época post-pandemia.
Noté que era una persona que hablaba muy rápido y parecía estar de carreras todo el tiempo. Dejé pasar este pensamiento y me puse a trabajar. Ese mismo día Anthony me pasó un plan de ventas bastante ambicioso para el 2021 y apenas llevaban cumplido casi el 30%. Era mediados de julio. Entre las capacitaciones de ingreso y muchas lecturas para empaparme del puesto, se pasó volando ese mes.
Agosto 2021:
Los primeros días eran un vaivén de emociones. Quería dar lo mejor de mí en mi nuevo trabajo pero la logística del matrimonio también exigía mi atención. La boda fue el 22 de agosto y solicité una semana no remunerada de licencia, para irme de luna de miel. Conclusión: julio y agosto fueron meses muertos a nivel laboral, respecto al cumplimiento de metas.
Diciembre 2021:
Las cosas no estaban bien respecto al plan de ventas. Diciembre, último mes (que para los que trabajan con comercial saben que es un mes totalmente muerto si no trabajas con artículos de la temporada) y sólo llegábamos al 65% de cumplimiento. El 30 de diciembre a las 5:00 pm me llamó una señora de la empresa de temporales que me contrató (pues tampoco era un puesto directo con la compañía ni con un contrato a término indefinido, como estaba acostumbrado a tener) a decirme que no fuera a trabajar en enero. En primera instancia pensé que la empresa nos estaba dando unos días de descanso y me dije: "wow, qué regalazo", pero rápidamente comprendí que se estaba refiriendo a mi segundo despido en menos de un año. La cereza del pastel: mi jefe directo tampoco nunca me llamó a avisar.
Anthony esperaba que yo cumpliera el 100% del plan de ventas de doce meses en literalmente tres meses y medio (parte de agosto, antes de casarme, septiembre, octubre y noviembre). Recuerda que diciembre es un mes muerto. Obviamente no lo cumplí a pesar de dar mi mejor esfuerzo y otra vez de patitas a la calle.
Si recuerdas la idea inicial era renunciar después de un tiempo, pero ese tiempo yo lo tenía estimado en un año. Normalmente no me gusta durar menos de un año en los proyectos que emprendo. La vida me estaba sacando de nuevo a patadas de un nuevo empleo. Ese día, debo confesar: me dio durísimo. Me dio rabia conmigo mismo, con mi jefe, con la empresa, con la vida, con Raimundo y todo el mundo. Hasta me llegué a preguntar:
-¿Será que realmente sí sirvo para trabajar?
Año 2022:
Comienzo una verdadera transformación en mi vida. Decido estudiar una certificación en Coaching Ejecutivo Ontológico y comenzar a trabajar con mi padre.
Año 2023:
Me gradúo como Coach Ejecutivo Ontológico.
Año 2024:
Me volví especialista en Propósito de Vida, entendiendo que debí pasar por estos dos momentos de oscuridad en mi más reciente vida profesional para llegar a ser la luz que pueda iluminar hoy en día a otras personas que como yo, en ese momento, pueden sentirse frustradas, desconcertadas y con mucho miedo sobre su futuro profesional.

Hola
ResponderEliminarBuen día. Gracias por escribir. ¿Deseas aportar algo al escrito? Me encantaría leerte.
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